Con exactamente dos meses por delante antes del cambio de mando, el Gobierno del presidente Gabriel Boric entra en una fase decisiva de cierre, marcada por la administración de su salida más que por la posibilidad de impulsar transformaciones de fondo. Así lo coinciden diversos analistas políticos, quienes advierten que el tiempo para redefinir o reposicionar el legado presidencial ya se agotó, quedando como principal desafío una transición ordenada y estable.
Tradicionalmente, los últimos meses de un gobierno en Chile están asociados a balances, resultados y a la consolidación de un legado político. Sin embargo, en el caso de la actual administración, ese proceso aparece adelantado. Para bien o para mal, la evaluación del Gobierno ya estaría instalada en la opinión pública, limitando la capacidad del Ejecutivo para incidir en el relato final.
El analista político de la Universidad de Talca, Mario Herrera Muñoz, explicó que los gobiernos suelen experimentar un repunte en su aprobación durante esta etapa, producto de la visibilización del legado y de la convivencia mediática entre el mandatario saliente y el presidente electo. No obstante, advirtió que Chile presenta una particularidad institucional: el extenso período entre la segunda vuelta presidencial y el traspaso de mando.
“Durante varios meses conviven dos agendas: el cierre del gobierno saliente y la instalación del entrante. Eso reduce significativamente el espacio político del Presidente en ejercicio”, señaló Herrera, agregando que la atención pública hoy está centrada en la conformación del nuevo gabinete y en la agenda internacional del presidente electo, José Antonio Kast.
Si bien Boric asumió en un escenario pospandemia —lo que permite exhibir mejoras en ciertos indicadores económicos y sociales—, enfrenta una agenda compartida y tensionada con el futuro gobierno, especialmente en temas como el reajuste salarial y la situación de Venezuela. “El problema para Boric hoy es el tiempo. Desde marzo, la agenda política estará completamente enfocada en la instalación del nuevo gobierno”, afirmó el analista.
Una lectura similar entregó Marco Moreno, director del Centro Democracia y Opinión Pública de la Universidad Central, quien sostuvo que los últimos 60 días no estarán marcados por reformas estructurales ni hitos emblemáticos. “Será una etapa de cierre administrativo y orden político, donde el objetivo será asegurar la implementación de políticas, cuidar la transición y reducir riesgos institucionales”, explicó.
Para Moreno, lo que realmente está en juego no es el legado, sino la forma en que termina el Gobierno. Una salida ordenada, con estabilidad política y responsabilidad institucional, será clave para la evaluación final de la administración Boric.
Por su parte, el académico de la Universidad Autónoma, Tomás Duval, planteó que el Presidente ya proyecta su rol futuro en el escenario político nacional. En ese contexto, sostuvo que el Ejecutivo buscará instalar la idea de que la reciente derrota electoral no responde exclusivamente a una mala gestión gubernamental.
“El objetivo político es evitar que la derrota sea leída como un rechazo total al Gobierno, lo que podría transformarse en un lastre para las aspiraciones futuras del Presidente y su sector”, concluyó.
Así, el tramo final del Gobierno de Gabriel Boric se perfila como un período de administración del cierre, defensa del balance de gestión y preparación de una transición institucionalmente sólida, más que como una etapa de redefinición política.


































