Una cirugía inédita y de alta complejidad realizada en el Hospital de La Serena permitió salvar la vida de una paciente de 71 años que ingresó al recinto con un síndrome aórtico agudo, una de las patologías cardiovasculares más graves y de mayor letalidad. El caso representó un desafío clínico excepcional debido a la coexistencia de alteraciones anatómicas extremadamente infrecuentes, lo que obligó a los equipos médicos a diseñar una estrategia quirúrgica no convencional, sin precedentes en la literatura médica nacional e internacional.
Desde su ingreso, los exámenes revelaron que la lesión comprometía la zona de transición entre la aorta ascendente y el arco aórtico, un territorio limítrofe que no encaja claramente en las clasificaciones tradicionales de esta patología. A ello se sumó la presencia de un arco aórtico derecho y de un divertículo de Kommerell, una malformación congénita poco frecuente asociada a una pared vascular frágil y a un alto riesgo de rotura, riesgo que aumenta de forma significativa cuando se presenta junto a un síndrome aórtico agudo.
El síndrome aórtico agudo engloba lesiones graves de la aorta, como la disección, la úlcera penetrante y el hematoma intramural, todas caracterizadas por un inicio súbito y una elevada mortalidad si no se tratan de manera oportuna. En este caso, la localización exacta de la lesión, sumada a las particularidades anatómicas de la paciente, configuró un escenario clínico excepcionalmente complejo, sin registros comparables en la literatura médica disponible.
Frente a este desafío, los equipos de cardiocirugía y cirugía vascular del Hospital de La Serena abordaron el caso de manera multidisciplinaria, evaluando alternativas terapéuticas y antecedentes clínicos descritos a nivel internacional. La complejidad del cuadro llevó a definir una reparación híbrida del arco aórtico, técnica que combina cirugía abierta cardiovascular y procedimientos endovasculares, reservada para casos de alta complejidad cuidadosamente seleccionados.
El doctor Mario Contreras, cardiocirujano del recinto, explicó que “decidimos realizar una reparación híbrida del arco aórtico, que combina una primera etapa propia de la cirugía cardíaca y una segunda correspondiente a cirugía vascular. Si bien es una técnica descrita en la literatura, no se había realizado antes ni en el hospital ni en la región. Tras varias reuniones de análisis clínico, evaluamos que contábamos con la capacidad técnica y humana para llevarla a cabo”.
El tratamiento se desarrolló en dos tiempos quirúrgicos. El primero se realizó en los pabellones centrales del hospital y estuvo a cargo del equipo de cardiocirugía, liderado por los doctores Mario Contreras y Jorge Novoa. Mediante una esternotomía media se efectuó un procedimiento de debranching del arco aórtico, que consistió en redirigir las arterias que irrigan el cerebro y las extremidades superiores hacia un segmento sano de la aorta ascendente, utilizando prótesis vasculares. Este paso permitió asegurar una adecuada perfusión cerebral y preparar la aorta para la segunda fase del tratamiento.
La presencia del divertículo de Kommerell añadió un nivel adicional de dificultad, ya que se trata de una malformación extremadamente poco frecuente incluso en centros de referencia internacionales. La experiencia del equipo quirúrgico fue clave para enfrentar una anatomía vascular atípica y de alto riesgo.
El segundo tiempo quirúrgico se desarrolló en el pabellón de hemodinamia y estuvo liderado por el equipo de cirugía vascular. En esta etapa se realizó una reparación endovascular de la aorta torácica (TEVAR), procedimiento que consistió en la instalación de una endoprótesis tubular en el interior de la aorta, cubriendo el arco aórtico, parte de la aorta ascendente y la aorta descendente, con el objetivo de reforzar la pared vascular y excluir la zona dañada del flujo sanguíneo.
El doctor Cristóbal Larraín, cirujano vascular del hospital, destacó que “este procedimiento permitió cubrir completamente la aorta desde su interior mediante una prótesis endovascular. Intervenciones de esta complejidad elevan el estándar clínico y asistencial del hospital y fortalecen la capacidad de respuesta ante patologías de alta gravedad”.
Aunque el TEVAR es una técnica que el Hospital de La Serena realiza desde hace varios años, en este caso su éxito dependió directamente del trabajo previo de cardiocirugía, que permitió redirigir el flujo arterial y crear las condiciones necesarias para un despliegue seguro de la endoprótesis.
Este caso refleja el alto nivel de resolución que puede alcanzar un hospital público regional cuando confluyen formación especializada, trabajo coordinado y acceso a tecnología de alto costo. Cada una de las endoprótesis utilizadas tiene un valor cercano a los nueve millones de pesos, cifra que resulta inaccesible para la mayoría de las personas fuera del sistema público de salud. Los especialistas coinciden en que este tipo de experiencias demuestra que la medicina pública chilena está preparada para enfrentar desafíos clínicos excepcionales, en beneficio directo de la comunidad.


































