Con una profunda expresión de fe, gratitud y recogimiento, la Diócesis de Copiapó despidió a su querido obispo emérito, Monseñor Gaspar Quintana, fallecido el sábado 27 de diciembre en Santiago, a los 89 años. La Misa Fúnebre fue presidida la mañana del lunes 29 de diciembre en la Catedral de Copiapó por el actual obispo diocesano, Monseñor Ricardo Morales, quien destacó la vida entregada de un pastor sencillo, valiente y profundamente mariano.
“Con la certeza serena de la fe, esa que afirma que la muerte no tiene la última palabra”, inició su homilía Monseñor Morales, subrayando que la vida de don Gaspar estuvo siempre guiada por Jesucristo, el Buen Pastor. En la celebración participaron el presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Monseñor René Rebolledo, arzobispo de La Serena, junto a su obispo auxiliar, Monseñor Enrique Balzán; además de sacerdotes, diáconos, acólitos, religiosas y cientos de fieles que llegaron a despedirlo.
También estuvieron presentes los Hijos del Corazón de María (Claretianos), congregación a la que pertenecía Monseñor Quintana, encabezados por su Superior Provincial, padre José Abarza cmf. La Catedral se vio colmada por una comunidad agradecida por la vida y el testimonio del obispo que pastoreó la diócesis entre los años 2001 y 2014.
Sus restos mortales arribaron la noche anterior al Santuario de Nuestra Señora de La Candelaria, donde se realizó un responso íntimo y sentido, para luego ser trasladados a la Catedral, donde permanecieron frente al altar como signo de una vida ofrecida a Dios y a su pueblo.
En su homilía, Monseñor Morales destacó la libertad interior de don Gaspar, quien “no temió al lobo porque actuó siempre por el bien de sus ovejas”, recordando su compromiso con la defensa de la vida, el cuidado del agua, la protección de lo frágil y la denuncia profética de la injusticia.
Uno de los aspectos más subrayados fue su profunda espiritualidad mariana, reflejada en su lema episcopal y en su amor entrañable por la Virgen María. “Hijo del Corazón de María, aprendió a vivir el Evangelio con humildad, alegría, sencillez y perseverancia”, señaló el obispo.
Especial mención tuvo su legado en la Fiesta de Nuestra Señora de La Candelaria, una de las expresiones más significativas de la fe popular de la diócesis. Don Gaspar impulsó la creación del Trotecillo, la oración propia del Santuario y la Misa Solemne con canto a lo divino, elementos que —según expresó Monseñor Morales— son “catequesis vivas, la fe que se canta y la fe que se camina”.
Durante el ofertorio, se presentaron signos que representaron su vida y misión pastoral: su báculo, su mitra y casulla, jarros con agua como símbolo de su compromiso ecológico, documentos de residencia definitiva entregados por la pastoral del migrante —creada por él en 2006— y el guion de la Misa Solemne de La Candelaria.
Al término de la Eucaristía, diversas personas tomaron la palabra para rendir homenaje a su memoria. El gobernador regional Miguel Vargas destacó su impacto humano, social y espiritual en la región. Su cuñada, Olga Gómez, agradeció el cariño recibido por la familia. Representantes de bailes religiosos y de la curia diocesana resaltaron su cercanía, sencillez y buen humor. De manera especial, Luis Urzúa, jefe de turno de los 33 mineros de la mina San José, recordó el acompañamiento constante de don Gaspar a las familias en el Campamento Esperanza.
La celebración concluyó con el traslado del féretro a la cripta de la capilla del Santísimo, donde descansan también los restos de Monseñor Fernando Ariztía. En un clima de oración y gratitud, la comunidad se despidió de un pastor que supo gastar su vida por el Evangelio.


































