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El movimiento que reúne: Lee Anne y su apuesta por la danza en Vallenar

 

Periodista de profesión, coreógrafa, profesora e intérprete, Lee Anne convirtió su pasión por el baile en un proyecto que hoy reúne a distintas generaciones en Vallenar. Tras 14 años enseñando salsa y bachata, dirige un espacio donde el movimiento se transforma en encuentro, aprendizaje e inclusión, demostrando que nunca es tarde para comenzar.

 

Cuando Lee Anne comenzó a bailar en Vallenar, encontrar espacios para aprender no era sencillo. A comienzos de los años 2000, la oferta era limitada y existían pocas alternativas para quienes querían acercarse a la danza. Lo que entonces era una dificultad terminaría, años más tarde, convirtiéndose en parte importante de su propio camino.

Su relación con el baile comenzó durante la etapa escolar, participando en actividades de danza en los colegios Santa Marta y Ambrosio O’Higgins. Más adelante, mientras cursaba tercero y cuarto medio, realizó un intercambio en Estados Unidos que le permitió tomar clases de jazz dance durante un año.

Al regresar a Vallenar continuó buscando oportunidades para bailar. En ese proceso conoció a la profesora Marcela Noemí, a quien reconoce como su mentora y quien abrió una escuela de danza moderna en la comuna. Posteriormente se trasladó a Santiago para estudiar Periodismo y fue allí donde descubrió la salsa cubana, un ritmo que terminaría ocupando un lugar fundamental en su trayectoria.

 

De buscar dónde bailar a comenzar a enseñar

Después de terminar sus estudios regresó a Vallenar. Ejerció durante un tiempo como periodista, tuvo un hostal en su casa y desarrolló distintas actividades, mientras la danza continuaba presente en su vida.

Las primeras clases surgieron casi de manera espontánea. Comenzó enseñando zumba y luego se atrevió a compartir los conocimientos de salsa que había adquirido hasta ese momento. La motivación inicial era bastante sencilla: quería seguir bailando y necesitaba que más personas aprendieran para poder hacerlo.

Con la llegada de nuevos alumnos también apareció la necesidad de continuar formándose. Tomó clases en línea, invitó a profesores a Vallenar y viajó a congresos y encuentros en distintas ciudades para perfeccionar sus conocimientos. Poco a poco, aquello que había comenzado desde el gusto personal se convirtió en una nueva profesión.

“Yo nunca pensé que iba a terminar siendo profesora, siempre me vi como estudiante”, recordó al referirse a un proceso que la llevó de buscar oportunidades para aprender a convertirse en quien hoy las genera para otros.

Actualmente lleva 14 años impartiendo clases de salsa y bachata y estima que entre 200 y 300 personas han pasado por ellas. En ese recorrido también ha desarrollado su trabajo como coreógrafa, intérprete y docente, haciendo de la danza una parte central de su vida.

 

Un espacio para encontrarse

Con los años comenzó a reconocer otra necesidad. En Vallenar existían profesoras y distintas disciplinas vinculadas al movimiento, pero faltaba un lugar capaz de reunirlas, visibilizar su trabajo y mostrar a la comunidad la diversidad de alternativas disponibles.

De esa inquietud nació el estudio que actualmente dirige y que lleva tres años de funcionamiento. Desde un comienzo, la propuesta buscó reunir a distintas profesoras y generar un espacio donde pudieran compartir sus disciplinas, fortalecer su trabajo y llegar a nuevos públicos.

También había otra idea que quería cambiar. Durante años había escuchado decir que en Vallenar no había suficientes actividades ni cosas diferentes por hacer. Frente a esa percepción, decidió mostrar que las oportunidades sí existen y que también es posible desarrollar propuestas artísticas desde la comuna.

“Sentí que mi misión en ese sentido era darnos a conocer, mostrarle a la gente que sí hay opciones y tratar de compartir esta pasión que tengo yo por la danza, que para mí es un estilo de vida”, expresó al explicar una apuesta que busca fortalecer y visibilizar la actividad artística local.

Actualmente trabajan 11 profesores y la propuesta se organiza en torno a cuatro grandes áreas vinculadas a la danza, el fitness, el wellness y las artes escénicas. Entre las disciplinas disponibles se encuentran danza moderna, ballet, urbano, salsa cubana, bachata, burlesque, chair dance, danza árabe, K-pop, jazz dance, danza polinesia y pilates.

Sin embargo, para Lee Anne el valor del espacio no se mide únicamente por la cantidad de clases o disciplinas que ofrece. También está en los vínculos que comienzan a construirse dentro de sus salas.

Personas que llegan para aprender a bailar terminan conociéndose, compartiendo experiencias y creando amistades. Con el tiempo, esa convivencia ha dado forma a lo que ella describe como una gran familia reunida en torno al movimiento.

 

“En la sala de clases somos todos iguales”

La danza, desde su mirada, entrega beneficios que van mucho más allá de aprender una coreografía. El movimiento permite trabajar la concentración, el ritmo, la coordinación y la memoria, pero también puede aportar al bienestar emocional y convertirse en una pausa frente a las exigencias de la vida cotidiana.

En las clases coinciden personas con distintas edades, cuerpos, capacidades y experiencias. Algunas llegan buscando aprender; otras quieren mantenerse activas, compartir con más personas o encontrar un momento para sí mismas. Esa diversidad, lejos de convertirse en una dificultad, es parte de aquello que Lee Anne valora del trabajo colectivo.

“En la sala de clase somos todos iguales. Da lo mismo si tienes alguna capacidad distinta, si tienes una forma de cuerpo distinta, si estamos con edades distintas. Estamos todos aprendiendo lo mismo”, señaló al destacar que el movimiento puede generar un espacio de encuentro donde cada persona participa desde sus propias posibilidades.

La diversidad generacional también forma parte de esa experiencia. En el estudio hay profesoras que trabajan con niñas desde aproximadamente los tres años, mientras que entre las personas adultas participan alumnas de 60 y 70 años.

Esa realidad también modificó una idea que Lee Anne tuvo durante mucho tiempo. Antes pensaba que para bailar bien era necesario comenzar desde la infancia. Su propia experiencia y la de quienes han pasado por sus clases le demostraron que existen muchas formas de relacionarse con la danza y que la edad no tiene por qué convertirse en un límite.

“Nunca es tarde. Siempre es un buen día para comenzar con esto de la danza”, afirmó al invitar a dejar de lado los prejuicios que muchas veces impiden a las personas acercarse por primera vez al baile.

 

Hacer crecer la danza desde Vallenar

Tras tres años de funcionamiento del estudio, el desafío es continuar creciendo sin perder la calidad del trabajo realizado. Lee Anne busca seguir desarrollando propuestas diferentes y, al mismo tiempo, contribuir a visibilizar el talento existente en Vallenar. Para ella, no es necesario mirar siempre hacia otras ciudades para encontrar buenos bailarines, profesores o espectáculos. También existe una escena local con capacidad para crear propuestas de alto nivel.

“Queremos seguir elevando la vara, queremos seguir trabajando para demostrar que el arte local en Vallenar sí es fuerte”, expresó al referirse a las proyecciones de un espacio que espera ampliar sus salas e incorporar nuevas personas y disciplinas en el futuro.

El estudio está ubicado en Marañón 740, entre Vallejos y San Ambrosio, en Vallenar. Además de las clases regulares, sus dependencias pueden ser utilizadas para cursos, charlas y otras actividades, de acuerdo con la disponibilidad de las salas.

La historia de Lee Anne parece cerrar así un círculo. Durante su juventud buscó espacios donde aprender y seguir desarrollando su interés por el baile. Años después, sin haberlo proyectado inicialmente, terminó creando uno donde otras personas pueden hacerlo.

Lo que comenzó como el deseo de tener con quién bailar se transformó en años de formación, enseñanza y trabajo colectivo. Hoy, en esas mismas salas, se encuentran niñas, jóvenes y adultos; personas que recién comienzan y otras que llevan años bailando; profesores de distintas disciplinas y participantes que llegan por razones muy diferentes.

Porque la apuesta de Lee Anne no consiste únicamente en enseñar pasos. También busca demostrar que la danza puede reunir, generar vínculos y abrir espacios donde cada persona encuentre su propia manera de participar.

En una ciudad donde alguna vez sintió que faltaban oportunidades para bailar, hoy contribuye a construirlas para otros. Y en ese recorrido, el movimiento dejó de ser solamente una pasión personal para convertirse en una forma de crear comunidad en Vallenar.

Esta entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco en Todas sus Letras: Historias que unen cultura, diversidad e identidad”, iniciativa financiada por el Fondart Regional del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que busca rescatar y difundir historias vinculadas al patrimonio humano y cultural de la Provincia del Huasco, incorporando una mirada inclusiva y accesible que permita reconocer la diversidad de personas, saberes y experiencias presentes en el territorio.

 

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