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Donde faltaban libros, comenzó a escribir la historia: Oriel Álvarez y la memoria de Freirina

Escritor, investigador y bibliotecario, Oriel Álvarez ha dedicado gran parte de su vida a investigar, preservar y compartir la historia de Freirina. Lo que comenzó al descubrir la escasez de registros sobre la comuna se transformó en una trayectoria de doce libros y en una extensa labor cultural orientada a acercar la memoria, la literatura y la lectura a las comunidades de la Provincia del Huasco.

Cuando Oriel Álvarez llegó a trabajar a la Biblioteca Pública de Freirina en 1982, se encontró con una realidad que terminaría marcando su trayectoria: estaba rodeado de libros, pero eran muy pocos los que hablaban de la comuna, sus habitantes y su historia.

Las personas llegaban buscando información sobre Freirina, sus personajes y su pasado, pero las estanterías ofrecían pocas respuestas. Para alguien que desde niño había sentido curiosidad por las letras y la historia, aquella ausencia se convirtió en una motivación: comenzar a investigar aquello que todavía no estaba suficientemente documentado.

Sin embargo, su relación con la escritura había comenzado mucho antes. Nació en Caleta Chañaral de Aceituno, hijo de Roberto Álvarez, pescador y último constructor de balsas de cuero de lobo del sector, y de una madre campesina. Desde pequeño encontró en las palabras una forma de expresión: escribió poemas, cartas de amor, canciones e incluso una obra de teatro que con el tiempo se perdió. A los 12 o 13 años ya había compuesto Plegaria a Freirina, una canción dedicada a la comuna que años más tarde ocuparía un lugar central en su vida.

Aunque estudió una especialidad técnica en el Liceo Industrial de Vallenar, su interés siempre estuvo ligado a las humanidades. Se recuerda como un verdadero “ratón de biblioteca”, interesado en leer, investigar y conocer más. Con el paso de los años, esa curiosidad comenzó a concentrarse especialmente en los personajes, acontecimientos y patrimonio del territorio.

 

Buscar la historia para poder contarla

Su llegada a la biblioteca le permitió dimensionar cuánto quedaba todavía por investigar. Así comenzó una búsqueda que no se limitó a libros y archivos, sino que también se nutrió de documentos, testimonios y recuerdos conservados por distintas personas.

En ese proceso fue fundamental el apoyo de su padrino, Oriel Álvarez Gómez, además de escritores e investigadores de la Provincia del Huasco que compartieron antecedentes y lo incentivaron a continuar. Poco a poco comenzaron a aparecer historias vinculadas a la minería, sectores como Capote y El Morado, antiguos personajes, familias y acontecimientos que permitían reconstruir distintas etapas del pasado local.

La investigación fue creciendo hasta transformarse en escritura. A fines de la década de 1980 comenzó a trabajar en una obra dedicada a reunir parte de ese material. En 1992 el manuscrito estaba terminado y, dos años después, logró publicar Freirina, una historia, su primer libro y el que hasta hoy considera el más importante de su trayectoria.

Esa publicación abrió el camino a nuevas investigaciones sobre minería, personajes, oficios y patrimonio. Entre sus trabajos se encuentran estudios relacionados con el mineral de Capote, Rastros de la minería en el Huasco y una guía de la Provincia del Huasco. Actualmente, su producción alcanza doce libros dedicados principalmente a rescatar distintos capítulos y protagonistas de la historia local.

Pero al mirar hacia atrás, no mide el resultado de ese trabajo únicamente por la cantidad de publicaciones. Para él, su mayor satisfacción está en haber contribuido a que las personas conozcan y valoren el lugar al que pertenecen.

“Estoy muy contento de haber logrado cimentar, difundir y de haber logrado que el freirinense se sienta orgulloso de sus raíces, de su historia, producto de mis libros”, expresó al reflexionar sobre el significado que ha adquirido su trabajo después de décadas dedicadas a investigar y difundir la memoria de la comuna.

De esta manera, escribir dejó de ser solamente una inquietud personal. Cada documento encontrado, cada personaje recuperado y cada historia llevada al papel se transformaron en una forma de devolver esa memoria a la comunidad y ponerla a disposición de nuevas generaciones.

 

Una vida cultural más allá de los libros

Su vínculo con la cultura nunca estuvo limitado a la escritura. La música también ocupó un lugar importante desde su juventud. Integró un grupo folclórico y melódico y recuerda que destinó sus primeros sueldos a comprar una guitarra y una grabadora. Junto a otros jóvenes organizó veladas y encuentros musicales para reunir recursos y adquirir instrumentos.

Años más tarde, esa inquietud contribuiría al nacimiento de una de las celebraciones más reconocidas de la comuna. En 1984, junto a autoridades, organizaciones y vecinos, participó en la creación del primer Festival del Camarón. El propósito era que Freirina contara con una fiesta musical propia. Álvarez también estuvo entre sus primeros animadores y, durante diferentes periodos, continuó vinculado a su organización.

“Esta fiesta formidable del Festival Nacional del Camarón nació bajo una idea o un concepto de quien te habla, de entregarle a Freirina una fiesta musical, y lo logré junto con el apoyo de mis amigos, de mis compadres y mis comadres”, recordó, destacando el carácter colectivo que tuvo la construcción de esta celebración desde sus primeros años.

Con el tiempo decidió cerrar esa etapa y permitir que otras personas asumieran nuevas responsabilidades. “Hay que darle paso a la juventud”, plantea, una frase que también refleja una constante en su trayectoria: recibir conocimientos y experiencias, aportar desde ellos y permitir que nuevas generaciones continúen el camino.

 

Cuando los libros salen al encuentro de la comunidad

Su trabajo desde la biblioteca también comenzó a extenderse más allá de sus paredes. Si uno de sus objetivos era acercar la lectura a la comunidad, no siempre bastaba con esperar que las personas llegaran hasta los libros. En ocasiones, eran los libros los que debían llegar hasta ellas.

Así nacieron los “baúles viajeros de Freirina”, una iniciativa que permitió llevar publicaciones a juntas de vecinos y diferentes localidades. Posteriormente presentó un proyecto al Fondo del Libro para impulsar bibliotecas vecinales, experiencia que logró consolidarse y mantenerse en el tiempo.

Según relata, actualmente existen doce bibliotecas vecinales y dos bibliomóviles. A ello se suma el trabajo de difusión de la literatura regional: la Biblioteca de Freirina mantiene espacios destinados a publicaciones de autores del territorio y lleva sus obras a ferias y encuentros para ampliar su circulación.

Esa manera de comprender el trabajo bibliotecario se resume en una frase que han convertido en su lema: “Somos más que libros”. Para Álvarez, fomentar la lectura implica encontrar distintas puertas de entrada. Puede ser una obra literaria, una publicación sobre la historia local o incluso una revista. Lo importante es generar ese primer encuentro entre una persona y la lectura.

La misma preocupación se proyecta hacia quienes hoy están escribiendo en la Provincia del Huasco. Destaca especialmente la presencia de nuevos autores y poetas jóvenes y considera necesario entregarles espacios para mostrar y difundir su trabajo. De alguna manera, se trata de replicar el apoyo que él mismo recibió cuando comenzaba a investigar: abrir caminos para quienes vienen detrás.

 

Una cultura donde todos tengan un lugar

En esa forma de comprender el trabajo comunitario también aparece la inclusión. Entre sus recuerdos está Marcelo León Zamorano, quien utilizaba silla de ruedas y trabajó junto a él como ayudante en la biblioteca. Al referirse a esa experiencia, Álvarez no centra el relato en la discapacidad, sino en el vínculo laboral y humano que construyeron. Compartían responsabilidades, realizaban entrevistas y desarrollaban distintas tareas desde una relación que define como “de igual a igual”.

Su acercamiento al tema continuó mediante la colaboración con agrupaciones y con la oficina de discapacidad. Actualmente también trabaja en una serie documental dedicada a distintos personajes, en la que contempla incorporar historias de personas con discapacidad.

“Todos cabemos en este espectro. Todos tenemos una posibilidad, todos tenemos el artista que llevamos dentro, todos tenemos los mismos sentimientos: sentimos calor, sentimos frío, nos enamoramos, nos desenamoramos, sufrimos”, reflexionó, poniendo el énfasis en aquello que compartimos como personas, más allá de nuestras diferencias.

 

Una memoria que continúa escribiéndose

Han pasado más de cuatro décadas desde que llegó a una biblioteca donde escaseaban los libros capaces de contar la historia de Freirina. Hoy el escenario es diferente. Existen sus doce publicaciones, investigaciones desarrolladas por otros autores, espacios destinados a la literatura regional, bibliotecas vecinales y libros que recorren distintos sectores de la comuna. También hay nuevas generaciones escribiendo poesía, investigando y construyendo relatos que algún día formarán parte de la memoria del territorio.

En ese recorrido se encuentra el sentido más profundo de su trayectoria. Oriel Álvarez comenzó buscando respuestas para quienes llegaban a la biblioteca preguntando por Freirina y terminó dedicando buena parte de su vida a investigar, organizar y compartir esas historias.

Porque la historia de un territorio no permanece viva solo porque alguien la recuerde. Necesita ser investigada, contada y transmitida para que las nuevas generaciones puedan conocerla, valorarla y reconocerse en ella.

Esta entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco en Todas sus Letras: Historias que unen cultura, diversidad e identidad”, iniciativa financiada por el Fondart Regional del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que busca rescatar y difundir historias vinculadas al patrimonio humano y cultural de la Provincia del Huasco, incorporando una mirada inclusiva y accesible que permita reconocer la diversidad de personas, saberes y experiencias presentes en el territorio.

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