Chile enfrenta una importante brecha en la disponibilidad de especialistas para atender a pacientes con cáncer. Según antecedentes citados del Ministerio de Salud y de la Sociedad Chilena de Oncología Médica, el país cuenta con cerca de 10 oncólogos por cada millón de habitantes, cifra muy inferior a los 30 especialistas por millón recomendados por la OCDE.
La distribución territorial de estos profesionales también presenta una marcada concentración en la Región Metropolitana. A septiembre de 2025, existían 246 oncólogos médicos activos en Chile, de los cuales 186 ejercían en la capital, equivalente al 75,6%. Solo 60 especialistas desarrollaban su labor fuera de Santiago.
Esta situación genera una presión adicional sobre los sistemas de salud regionales, donde los equipos son más reducidos y la demanda de atención oncológica continúa creciendo.
La realidad en regiones
Un ejemplo de esta brecha se observa en la Región del Biobío, que cuenta con 14 oncólogos para una población en la que más de 5.000 personas se encuentran en tratamiento activo o seguimiento por cáncer.
En Los Ángeles, la oncóloga médica Carla Zurita desarrolla su trabajo en el Complejo Asistencial Dr. Víctor Ríos Ruiz. Actualmente atiende a unos 240 pacientes mensuales en consultas y participa en el análisis de aproximadamente otros 200 casos dentro del comité oncológico.
La especialista reconoce que existe una importante sobrecarga asistencial debido a la cantidad de pacientes y al reducido número de profesionales disponibles, además de diferencias en los recursos existentes entre el sistema público y privado.
Una situación similar se vive en la Región de Los Lagos. Allí, más de 6.000 personas requieren atención oncológica y Osorno concentra cerca del 69,7% de los pacientes regionales.
En esa ciudad trabaja el oncólogo médico Juan Pablo Galdames, quien decidió desarrollar su carrera fuera de Santiago. Según explica, ejercer en regiones implica asumir responsabilidades que van más allá de la atención clínica, incluyendo coordinación de equipos, gestión de recursos, resolución de urgencias y acompañamiento de pacientes y familias.
Un desafío que va más allá de formar especialistas
El cáncer continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios del país. De acuerdo con cifras preliminares del Departamento de Estadísticas e Información de Salud, durante 2025 fallecieron 28.165 personas por esta enfermedad en Chile.
Frente a este escenario, aumentar el número de oncólogos resulta necesario, pero no suficiente. También se requiere fortalecer la red asistencial completa para mejorar la detección, derivación, diagnóstico y tratamiento oportuno de los pacientes.
Entre las principales dificultades se encuentran los diagnósticos tardíos, derivaciones incorrectas, extensos tiempos de espera y la fragmentación de la atención. Estas situaciones pueden afectar especialmente a quienes viven lejos de los grandes centros urbanos.
En este contexto, la formación de nuevos profesionales adquiere un papel fundamental. La Fundación Arturo López Pérez (FALP) participa actualmente en la formación de una parte importante de los oncólogos médicos que se encuentran en proceso de especialización en Chile y desarrolla programas vinculados a distintas áreas de la atención oncológica.
Sin embargo, el desafío no termina con la formación de especialistas. Para que los nuevos profesionales puedan permanecer y desarrollarse en regiones se necesita una red que cuente con infraestructura, equipamiento, equipos multidisciplinarios y condiciones adecuadas para garantizar la continuidad de los tratamientos.
Descentralizar la atención oncológica
La experiencia de los especialistas que trabajan fuera de Santiago muestra que la descentralización de la atención oncológica requiere una estrategia de largo plazo.
Contar con más oncólogos en regiones permitiría reducir los desplazamientos de pacientes hacia la capital, facilitar el acceso a controles y tratamientos y fortalecer la capacidad de respuesta de los hospitales locales.
A esto se suma la importancia de generar equipos permanentes y coordinados, capaces de acompañar al paciente durante todo el proceso, desde la sospecha y el diagnóstico hasta el tratamiento y seguimiento.
La brecha territorial en oncología representa, por tanto, uno de los desafíos pendientes del sistema de salud chileno. Formar nuevos especialistas es fundamental, pero también lo es crear las condiciones necesarias para que puedan ejercer en distintas regiones del país.
El objetivo es avanzar hacia una atención del cáncer que combine excelencia médica, oportunidad y un trato humano, independiente del lugar donde viva cada paciente.


































