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Las lluvias de julio transforman el Limarí y abren paso a la recuperación de flora y fauna

Las intensas precipitaciones registradas durante julio transformaron el paisaje de la provincia del Limarí, devolviendo el color verde a cerros y quebradas después de años marcados por la sequía. El fenómeno no solo modificó el aspecto del territorio, sino que también permitió reactivar diversos procesos ecológicos que permanecían latentes.

La acumulación de humedad favoreció la germinación de semillas y la activación de bulbos, raíces y otros organismos que permanecían bajo el suelo a la espera de condiciones favorables. Al mismo tiempo, las lluvias provocaron crecidas de ríos y quebradas, desbordes y remociones en masa que pudieron generar daños puntuales en sectores de vegetación.

Cristian Delpiano, investigador del Laboratorio de Ecología del Desierto de la Universidad de La Serena y del Instituto de Ecología y Biodiversidad, explicó que la intensidad del sistema frontal pudo provocar la pérdida de algunos ejemplares, especialmente en zonas cercanas a cursos de agua.

Sin embargo, el especialista señaló que los ecosistemas del territorio poseen mecanismos de adaptación frente a este tipo de fenómenos. La vegetación ribereña, por ejemplo, está acostumbrada a enfrentar episodios de crecidas y precipitaciones intensas, por lo que los sectores afectados podrían volver a ser colonizados progresivamente.

Uno de los ambientes que podría responder de manera particularmente favorable son los humedales. Estos ecosistemas dependen de los llamados “pulsos de agua”, episodios que pueden modificar temporalmente sus condiciones y posteriormente permitir el desarrollo de nueva vegetación.

La disponibilidad temporal de agua también podría favorecer a especies que permanecen ocultas durante extensos periodos, especialmente anfibios. En quebradas que habitualmente permanecen secas, la acumulación de agua puede generar condiciones favorables para la aparición y reproducción de sapos y otros organismos.

Delpiano recordó que después de las precipitaciones registradas en 2017 se observó un fenómeno similar en la Quebrada del Romeral, donde fueron encontrados sapos y renacuajos en sectores que normalmente no presentan agua de manera permanente.

Una cadena de recuperación ecológica

El impacto de las lluvias también puede extenderse a otros componentes del ecosistema. La humedad favorece la actividad de microorganismos, hongos e invertebrados presentes en el suelo, generando posteriormente mayor disponibilidad de alimento para insectos herbívoros y polinizadores.

Este aumento de actividad biológica puede beneficiar a distintas especies que se encuentran más arriba en la cadena alimentaria, entre ellas aves, pequeños mamíferos, rapaces y zorros.

De esta manera, el agua caída durante el invierno puede desencadenar una serie de procesos que permiten reactivar paulatinamente los ecosistemas del Limarí, especialmente en sectores donde la sequía había reducido considerablemente la actividad biológica.

Cambios que no necesariamente serán permanentes

Aunque las lluvias provocaron modificaciones visibles en el territorio y pudieron generar pérdidas puntuales de vegetación, los especialistas llaman a diferenciar entre los cambios naturales provocados por un evento extremo y los daños permanentes.

La vegetación y los ecosistemas de zonas áridas están adaptados a la ocurrencia de pulsos de agua, incluso cuando estos se presentan de manera esporádica e intensa. Por ello, determinados sectores pueden experimentar alteraciones importantes en el corto plazo y posteriormente iniciar procesos de recuperación natural.

Las remociones en masa, la activación de quebradas y las crecidas de los cursos de agua sí pueden modificar determinados lugares, pero el escenario general apunta a que buena parte de estos ecosistemas tiene capacidad para recuperarse.

Así, las lluvias de julio no solo dejaron huellas en el paisaje del Limarí, sino que también activaron una nueva etapa ecológica. El reverdecimiento de los cerros y quebradas representa la expresión más visible de un proceso que podría continuar durante los próximos meses, a medida que la humedad permita la recuperación de la vegetación y aumente progresivamente la actividad de distintas especies de flora y fauna.