Desde 1987, Patricia Figueroa ha construido una trayectoria ligada a la gestión cultural, la literatura y la difusión del patrimonio en la Provincia del Huasco. Con siete obras publicadas, su trabajo ha buscado abrir espacios para artistas y escritores, rescatar relatos que permanecen en la oralidad y promover una cultura donde todas las personas puedan participar.
Una idea puede surgir en cualquier momento y convertirse en un libro, una exposición, un encuentro artístico o una actividad comunitaria. Para Patricia Figueroa, imaginarla es apenas el comienzo. El verdadero desafío está en hacerla posible, organizar, articular personas, generar espacios y transformar aquello que nace como una inquietud en una experiencia capaz de llegar a la comunidad.
En esa tarea ha transcurrido buena parte de su vida. Escritora y gestora cultural, inició su trayectoria en este ámbito en 1987. Su camino como autora comenzó años más tarde, después de un largo proceso marcado por la lectura, la observación y el aprendizaje junto a otros escritores. Hoy cuenta con siete obras publicadas y dos facetas, la escritura y la gestión, que convergen en un mismo propósito, contribuir a que la cultura circule, encuentre espacios y permanezca vinculada al territorio.
“La gestión es un trabajo, es un proceso. A veces creo que nos hemos dedicado muchas veces solo a la finalización de un evento, a aplaudir los resultados. Pero la gestión parte desde la idea. Tenemos ideas, pero cómo se concretan. Y eso es gestión”, explicó al referirse a un oficio cuyo trabajo muchas veces permanece detrás de aquello que finalmente observa el público.
Esa forma de entender la cultura ha acompañado distintas etapas de su trayectoria. Entre las experiencias que destaca se encuentra Café del Arte, espacio desde el cual impulsó más de cien actividades en Vallenar. Allí confluyeron contenidos históricos, artistas y nuevas voces, en una propuesta que también logró proyectarse hacia otros puntos de la Provincia del Huasco y de la región.
A ello se suma una labor permanente de apoyo y difusión a escritores mediante ferias literarias, encuentros y espacios dedicados al libro. Para Figueroa, gestionar significa precisamente eso, crear las condiciones para que las ideas y obras de otras personas también puedan encontrar un lugar.
“Eso se llama gestión. Yo trabajo para los demás, no solo en lo personal”, señaló al resumir una trayectoria marcada por acompañar procesos, abrir oportunidades y contribuir a que nuevas voces puedan encontrarse con sus públicos.
Las historias pequeñas que también construyen memoria
Si la gestión cultural le ha permitido abrir espacios para otros, la escritura le ha dado una manera propia de preservar las voces que nacen en el territorio. Antes de publicar existieron años de lectura, escucha y aprendizaje. Cuando finalmente comenzó a llevar sus historias al papel, encontró un eje que continúa atravesando su obra. Se trata de rescatar aquello que permanece en los recuerdos, en las conversaciones y en los relatos cotidianos de las comunidades.
“Mi temática siempre es el rescate del territorio, de la oralidad, de esas historias menudas que no están escritas”, expresó al definir una búsqueda literaria estrechamente relacionada con la memoria local.
Su primer libro fue Huasco Alto, Voces Tiegos. A partir de entonces continuó desarrollando una producción que hoy suma siete obras y en la que aparecen relatos como La niña y el cuyano, En senderos, La chinita de sol y tiempo, El ahuyentador de pájaros y El niño de las espinas, este último proyectado también como tema de una canción.
Cuando se le pregunta cuál de sus trabajos ocupa un lugar especial, prefiere no establecer diferencias. Considera que cada publicación posee una historia y un valor propio, y que finalmente son quienes leen quienes construyen una relación particular con cada texto.
“Cada libro es un mundo en sí mismo. Para mí, cada uno es valioso. Es el lector, el público, el que distingue algunos de los textos”, reflexionó, dejando en manos de quienes reciben sus historias la posibilidad de darles nuevos significados.
En esa relación entre literatura, oralidad y territorio se encuentra una parte esencial de su trabajo. Llevar esos pequeños relatos al papel significa otorgarles una nueva posibilidad de permanecer. Historias familiares, personajes y experiencias cotidianas que muchas veces no aparecen en los grandes registros también forman parte de la memoria y el patrimonio de una comunidad.
Cuando hablar de inclusión no es suficiente
La inclusión ocupa un lugar especialmente significativo dentro de su trayectoria porque también forma parte de su propia experiencia.
Actualmente vive con una discapacidad asociada a la pérdida de sus cuerdas vocales y cuenta con una credencial que acredita esta condición. Desde allí ha podido reconocer de manera directa las barreras que todavía persisten en espacios donde debería existir mayor apertura hacia la diversidad.
Durante la entrevista relata haber enfrentado discriminación por parte de uno de sus pares, quien rechazó su participación debido a su manera de hablar. “Creo que falta mucho, porque muchas veces uno propaga esto, pero la realidad es muy diferente. Hay gente que discrimina, que es la palabra que nos separa. En lo personal, me correspondió recibir discriminación de uno de mis pares”, relató al advertir que el desafío no consiste únicamente en incorporar la palabra inclusión en los discursos, sino en convertirla en una práctica cotidiana.
Desde esa experiencia considera necesario ampliar las oportunidades de participación y reconocer que la discapacidad puede manifestarse de múltiples maneras. Aunque existen programas e iniciativas, plantea que todavía es necesario extender su alcance y generar espacios culturales capaces de recibir verdaderamente la diversidad de quienes desean crear, participar o expresarse.
“Las oportunidades están para todos sin distinción, ni de sexo, ni de ideales, de ideología. Somos todos los mismos”, afirmó al defender una cultura donde las diferencias no se conviertan en barreras para ser parte de ella.
Una gestión que se construye con otros
Esa mirada también estuvo presente durante su experiencia reciente en la gestión cultural municipal de Vallenar. En 2025 fue invitada a participar en el proceso de transición entre periodos alcaldicios, instancia en la que puso su experiencia al servicio de un equipo orientado a fortalecer la actividad artística y cultural de la comuna.
Entre los avances que destaca se encuentra la incorporación de artistas, cultores, artesanos y cantantes dentro de un mismo espacio, además del trabajo desarrollado en la Casa de Extensión Cultural y de las actividades impulsadas en el hall del Centro Cultural.
Al recordar ese periodo, insiste en que los resultados no pertenecen a una sola persona. “Logramos incluir a todos los artistas, cultores, artesanos, cantantes, en un solo mundo cultural de la comuna, sin distinción”, recordó. Luego agregó una frase que resume su manera de comprender estos procesos. “No lo hice yo sola, somos un equipo”.
La idea vuelve nuevamente al principio de su historia. Un proyecto puede comenzar con la inquietud de una persona, pero necesita encontrarse con otras voluntades para transformarse en una experiencia colectiva.
Un oficio que continúa todos los días
La misma constancia atraviesa su relación con la literatura. Patricia no habla de escribir como un acto reservado únicamente para los momentos de inspiración. Su definición es mucho más concreta. “Escribir es un oficio. Es trabajar todos los días”.
Actualmente prepara un nuevo libro relacionado con el mundo ferroviario, uno de los temas que despierta especialmente su interés. Paralelamente participa en labores vinculadas a la editorial Contragüeya, además de ferias, encuentros y otras iniciativas culturales.
También mantiene Café Libro, ubicado al interior del Mercado Municipal de Vallenar, un espacio abierto de lunes a sábado donde las personas pueden acercarse a leer, consultar y conversar sobre patrimonio, literatura y turismo. El lugar busca ser también un punto de encuentro con la comunidad y una ventana para acercarse a la creación literaria del territorio.
Desde allí, su invitación vuelve a poner la mirada en quienes escriben desde la provincia. Conocer a los autores locales y regionales, leer sus obras, conversar con ellos y contribuir a que su trabajo encuentre nuevos lectores son acciones que considera fundamentales para fortalecer la literatura del Huasco.
Esa preocupación está profundamente vinculada con la forma en que observa la Provincia del Huasco. Cuando habla de su riqueza aparecen la minería histórica y actual, los crianceros, productores, el pisco, los frutos del valle, sus personajes, la literatura y fenómenos como el desierto florido. Elementos diversos que, desde su perspectiva, forman parte de una identidad capaz de vincular cultura, patrimonio y turismo.
Después de más de tres décadas de gestión cultural y de un camino propio construido desde la literatura, Patricia Figueroa continúa moviéndose entre los mismos elementos que dan nombre a esta historia, libros, memoria y territorio.
Los libros permiten dejar registro. La memoria conserva las historias. El territorio les entrega un lugar de origen. La gestión cultural, en tanto, construye los puentes necesarios para que esas expresiones puedan salir del ámbito individual y encontrarse con la comunidad.
Su trayectoria demuestra que la cultura no se construye solamente a partir de buenas ideas. También necesita trabajo, colaboración y personas dispuestas a generar espacios para que otras voces puedan aparecer.
Detrás de cada libro, encuentro o iniciativa cultural existe finalmente una misma posibilidad, que una historia encuentre quién la escuche, que una voz encuentre dónde expresarse y que una comunidad pueda reconocerse en aquello que crea.
Esta entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco en Todas sus Letras: Historias que unen cultura, diversidad e identidad”, iniciativa financiada por el Fondart Regional del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que busca rescatar y difundir historias vinculadas al patrimonio humano y cultural de la Provincia del Huasco, incorporando una mirada inclusiva y accesible que permita reconocer la diversidad de personas, saberes y experiencias presentes en el territorio.


































