Con más de 30 años de historia en Vallenar, la Corporación Mi Pequeño Hermano ha construido un espacio de acogida y participación para personas con discapacidad. A través del acompañamiento, el voluntariado y distintas experiencias artísticas, la institución busca reconocer las capacidades de cada persona, fortalecer sus habilidades y generar oportunidades para que puedan participar activamente en la comunidad.
La historia de Mi Pequeño Hermano comenzó de una manera sencilla. Antes de los talleres, los proyectos y del edificio que actualmente alberga al Centro Abierto, hubo una necesidad que alguien decidió no ignorar.
Hace más de tres décadas, el Padre Santís observó que en Vallenar había personas que necesitaban alimentación, pero también compañía y un lugar donde encontrarse con otros. La primera respuesta fue organizar una once en la parroquia. Con el tiempo, y gracias a aportes económicos gestionados desde España, aquella iniciativa logró crecer hasta contar con un espacio propio que ha acogido durante años a personas con discapacidad de la comuna.
Hoy, Berta Torres preside la Corporación Mi Pequeño Hermano y mira esa trayectoria como el resultado de un trabajo que ha involucrado a voluntarios, familias, organizaciones y una comunidad que ha acompañado a la institución en diferentes momentos de su historia.
En algunas etapas, recuerda, llegaron a recibir a más de 60 personas mediante proyectos y el trabajo de equipos voluntarios. El propósito ha sido entregar un espacio de acogida y contribuir a que las personas con discapacidad puedan mantenerse activas, relacionarse con otros y desarrollar sus propias habilidades.
Un espacio para acompañar y desarrollar habilidades
Berta Torres hace una distinción importante al explicar el trabajo que realizan. Mi Pequeño Hermano no es un centro de rehabilitación.
Su labor se relaciona principalmente con la acogida, el acompañamiento y la generación de oportunidades para mantener y fortalecer diferentes capacidades. “Nosotros solamente acogemos y entregamos algunos espacios y algún tiempo con voluntarios y con proyectos para enseñar”, explicó al referirse al sentido que ha tenido el trabajo de la institución.
A través de esas experiencias buscan trabajar habilidades motrices, cognitivas, sensitivas y creativas, reconociendo que cada participante tiene intereses y capacidades diferentes.
No se trata de que todas las personas hagan lo mismo, sino de descubrir aquello que despierta su interés y encontrar una forma de acompañarlas para que puedan desarrollarlo. “Uno tiene que tener la sensibilidad para rescatar y darse cuenta de cuál es la habilidad y cuál es la sensibilidad y cuál es el gusto y la preferencia que ellos tienen”, señaló Torres.
Crear desde las propias capacidades
En el Centro Abierto se desarrollan actividades donde los participantes pintan, dibujan y experimentan con distintas técnicas. Actualmente, este trabajo es acompañado por Jessica Jara, encargada del espacio y quien anteriormente también se desempeñó como monitora.
Berta recuerda especialmente a uno de los jóvenes que participa en el Centro y que ha desarrollado un trabajo en telar. A través de esta técnica combina hilos, colores y procedimientos que ha ido incorporando a sus propias creaciones.
Experiencias como esa permiten comprender el sentido que adquiere el arte dentro de Mi Pequeño Hermano. El resultado final importa, pero también importa el proceso de descubrir que existe algo que una persona disfruta, puede aprender y hacer suyo “Entonces la idea es que cada uno haga lo que le gusta hacer”, explicó Berta al hablar del acompañamiento que realizan con los participantes.
En esa misma línea se encuentra uno de los proyectos que la Corporación espera desarrollar en el futuro. Se trata de una iniciativa de trabajo con resina epóxica que permitiría combinar la creación artística con habilidades motrices y sensitivas.
La propuesta fue preparada junto a una voluntaria que conoce la técnica y, aunque no alcanzaron a ingresarla dentro de los plazos de postulación, existe la intención de retomarla.
Para Torres, es una iniciativa especialmente significativa porque permitiría incorporar una nueva forma de creación que puede ser desarrollada por quienes participan del Centro Abierto. “Es un proyecto que perfectamente pueden realizar las personas de acá, donde se mezcla lo artístico con las habilidades motrices, con el rescate de habilidades motrices, habilidades sensitivas”, explicó.
Una historia construida también por Vallenar
Mi Pequeño Hermano se ha financiado mediante proyectos, aportes de socios y contribuciones de empresas. La Corporación cuenta con personalidad jurídica y también ha recibido recursos provenientes de distintas instituciones. A esto se suma una ayuda que Berta considera fundamental: la colaboración de la propia comunidad. Comerciantes y vecinos han contribuido especialmente con alimentos y otros insumos necesarios para el funcionamiento cotidiano del espacio.
Ese respaldo también ayuda a explicar por qué, después de tantos años, Mi Pequeño Hermano se ha convertido en un nombre reconocido en Vallenar “Estamos muy bien posicionados en la cultura de Vallenar. Todo el mundo sabe”, afirmó Torres al referirse al vínculo que la institución ha logrado construir con la comuna.
Durante este año, además, el Centro Abierto participa como beneficiario de un proyecto deportivo desarrollado por personas externas a la institución. La iniciativa utiliza sus dependencias e incorpora a participantes del Centro en actividades de gimnasia, generando otra oportunidad de vinculación con la comunidad.
La inclusión también comienza en la mirada
Después de más de 30 años, para Berta Torres el aporte de Mi Pequeño Hermano no se encuentra únicamente en los talleres realizados, los almuerzos compartidos o los proyectos desarrollados.
Para ella, las capacidades aparecen precisamente cuando existen oportunidades para expresarlas “En lo cultural es saber que las personas son capaces de hacer muchas cosas, son como cualquier persona”, reflexionó.
Desde esa perspectiva, inclusión significa generar condiciones para participar y reconocer que las diferencias no disminuyen el valor ni las posibilidades de una persona “Es la igualdad de oportunidades que tienen que tener las personas para insertarse en la comunidad”, sostuvo.
Esa mirada resume buena parte de la historia que comenzó hace más de tres décadas con una once en una parroquia. Desde entonces han cambiado las personas, los proyectos y las formas de trabajar, pero el Centro Abierto continúa siendo un lugar donde encontrarse, compartir y descubrir capacidades.
Pintar un dibujo, aprender una técnica, trabajar un telar, participar de una actividad física o simplemente tener un espacio donde relacionarse con otros pueden parecer acciones cotidianas. Sin embargo, detrás de ellas existe algo mayor: la posibilidad de sentirse parte de una comunidad.
“Culturalmente la comunidad ha comprendido que es posible hacer cosas por nuestros hermanos, por nuestra gente”, expresó Berta, destacando también el vínculo afectivo que Vallenar ha construido con la institución a lo largo de los años.
Esta entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco en Todas sus Letras: Historias que unen cultura, diversidad e identidad”, iniciativa financiada por el Fondart Regional del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que busca rescatar y difundir historias vinculadas al patrimonio humano y cultural de la Provincia del Huasco, incorporando una mirada inclusiva y accesible que permita reconocer la diversidad de personas, saberes y experiencias presentes en el territorio.


































