La provincia del Limarí atraviesa un complejo escenario hídrico que mantiene en alerta a autoridades, regantes y agricultores, ante la posibilidad de una interrupción del riego en las próximas semanas si no se registran precipitaciones.
A los bajos niveles de los embalses se suma una advertencia creciente: el sistema podría llegar a mayo sin disponibilidad de agua para riego, lo que tendría consecuencias directas en la producción agrícola y la economía local.
Desde la Junta de Vigilancia del Río Limarí, Río Grande y sus afluentes, su presidente, José Eugenio González, advirtió que el impacto será inmediato, especialmente en cultivos permanentes. “En especies como cítricos y paltos, el daño puede ser significativo, incluso con pérdida total”, señaló, destacando que estos requieren riego durante todo el año.
A diferencia de estos, los cultivos de hoja caduca o anuales pueden ajustar su demanda hídrica o suspender su producción en invierno, reduciendo el riesgo de pérdidas estructurales. No obstante, el impacto no será uniforme en el territorio: mientras sectores abastecidos por embalses podrían enfrentar cortes totales, aquellos que dependen de caudales de ríos tendrían una disponibilidad limitada, obligando a una gestión más restrictiva del recurso.
Decisiones urgentes en el campo
De concretarse este escenario, los agricultores deberán priorizar el uso del agua disponible, lo que podría traducirse en la mantención de algunos cultivos en desmedro de otros o en la suspensión de siembras de temporada.
Sin embargo, en el caso de cultivos permanentes, las alternativas son limitadas. “El daño es prácticamente total si no hay riego, lo que compromete no solo la producción de una temporada, sino también la viabilidad futura de los huertos”, enfatizó González.
El panorama, además, depende estrechamente de las precipitaciones y la acumulación de nieve, fundamentales para sostener los caudales en primavera y verano.
Impacto en cadena: empleo y precios
Desde el ámbito político, el consejero regional Carlos Ramos advirtió que las consecuencias no se limitarían al sector agrícola. “Si no hay agua para riego, no habrá cultivo, y eso generará un problema mayor en la provincia”, afirmó.
En esa línea, explicó que una menor producción podría derivar en el alza de precios de frutas y verduras, debido a la disminución de la oferta y la necesidad de abastecimiento desde otras zonas. “Esto impactará directamente en el costo de vida de las familias”, indicó.
Asimismo, alertó sobre el impacto en el empleo agrícola, una de las principales fuentes laborales del territorio, lo que podría dejar a numerosas personas sin trabajo.
Crisis estructural y pérdida de superficie agrícola
El consejero regional Max Aguirre reforzó este diagnóstico, señalando que la situación responde a un problema estructural derivado de años de déficit hídrico.
Según detalló, en los últimos cinco años se han perdido cerca de 10 mil hectáreas productivas en la provincia, debido a los bajos niveles de los principales embalses, lo que ha reducido significativamente la actividad agrícola.
“Esto ha tenido efectos directos en el empleo y ha generado migración de mano de obra hacia otros sectores”, sostuvo.
Ante este escenario, planteó la necesidad de avanzar en inversiones que aseguren el abastecimiento de agua, tanto para consumo humano como para la agricultura, incluyendo alternativas como la desalación.
Así, la posibilidad de enfrentar un corte de riego en mayo instala un escenario de alta incertidumbre en el Limarí, donde las próximas semanas serán clave para definir el alcance real de esta crisis y sus impactos en el territorio.


































