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Entre olivos centenarios y masa madre: Marytza Zúñiga transforma el patrimonio del Huasco en un pan con identidad

Lo que comenzó como una búsqueda por una alimentación más saludable durante la pandemia hoy se ha convertido en un emprendimiento que rescata la tradición olivícola del Valle del Huasco, poniendo en valor el patrimonio agrícola, los sabores locales y la identidad de un territorio marcado por sus olivos centenarios.

 

Hay historias que comienzan con una receta y terminan convirtiéndose en una forma de preservar la identidad de un territorio. Eso fue precisamente lo que ocurrió con Marytza Zúñiga, emprendedora radicada en Huasco Bajo, quien encontró en el pan de aceitunas con masa madre una manera de unir alimentación saludable, tradición familiar y patrimonio cultural.

Hace cinco años llegó junto a su esposo desde Antofagasta para iniciar una nueva etapa de vida en el Valle del Huasco. Adaptarse no fue fácil. La pandemia, las dificultades para encontrar alimentos acordes a sus necesidades de salud y el deseo de consumir productos menos procesados la impulsaron a investigar nuevas formas de elaborar pan. Al mismo tiempo, los olivos presentes en su terreno despertaron una inquietud: aprovechar un fruto profundamente ligado a la historia del valle y transformarlo en un alimento con identidad propia.

«Empezamos a estudiar y a preparar este pan de aceitunas con masa madre. A mí me empezó a hacer bien, no me sentía inflamada y a mi marido tampoco le subía el azúcar. Primero fue un pan para nosotros, pero cuando nuestros amigos lo probaron comenzaron a pedirnos más y así nació este emprendimiento», nos comentó la emprendedora, recordando cómo una necesidad familiar terminó transformándose en un proyecto que hoy abastece a familias de Huasco, Freirina y Vallenar.

Lo que comenzó como una preparación para el consumo del hogar fue creciendo gracias al interés de vecinos y clientes que valoraron un producto elaborado de manera artesanal, con ingredientes naturales y profundamente conectado con el territorio. Sin embargo, para su creadora el verdadero valor del pan va mucho más allá de su sabor.

Cada elaboración representa una forma de mantener viva una tradición que ha acompañado por siglos a Huasco Bajo. Los olivos centenarios, presentes desde la época colonial, no solo forman parte del paisaje, sino también de la historia productiva, económica y cultural de la provincia. Por eso, incorporar la aceituna en cada preparación es también una manera de rescatar ese legado y proyectarlo hacia las nuevas generaciones.

«Queremos mantener nuestra cultura y nuestras raíces. Tomamos una tradición que siempre ha existido en Huasco Bajo y la unimos con la masa madre, un fermento natural que aporta beneficios para la salud. Así nace un producto que habla de este territorio y de quienes vivimos en él», nos expresó.

Durante este proceso también aprendió el oficio agrícola gracias al apoyo de Fondo Pro Olivo, INDAP y PRODESAL. Esa experiencia le permitió comprender que detrás de cada olivo existe una historia de esfuerzo, conocimientos transmitidos entre generaciones y un patrimonio que requiere cuidado permanente para seguir formando parte del paisaje del Valle del Huasco.

Esa mirada también la lleva a reflexionar sobre el valor simbólico de estos árboles, muchos de los cuales superan varias décadas de existencia y han sido testigos del desarrollo de la provincia.

«El aporte va mucho más allá de hablar de olivos centenarios. Es imaginar quién los plantó, quién los cuidó y cómo han permanecido aquí durante tantas generaciones. Esos árboles hablan de la historia del Valle del Huasco» destacando que proteger los olivares también significa conservar la memoria y la identidad de quienes han construido este territorio.

Sin embargo, esa herencia enfrenta importantes desafíos. El avance del quintral y las alteraciones que observa en el ecosistema generan preocupación entre quienes viven del cultivo del olivo, ya que podrían comprometer la conservación de árboles considerados parte del patrimonio agrícola del valle.

«No podemos dejar morir nuestra cultura de esa forma. Se están acabando los olivos y eso nos preocupa profundamente. Tenemos que protegerlos porque son parte de nuestra historia y de lo que somos como territorio», nos señaló, haciendo un llamado a valorar este patrimonio natural y a trabajar de manera conjunta para asegurar su conservación.

Actualmente, además del pan de aceitunas con masa madre, el emprendimiento familiar también elabora pasta de aceitunas, aceite de oliva, sal negra y mermeladas de membrillo, todos productos que nacen del mismo compromiso por aprovechar los recursos del territorio y aportar a la preservación de una tradición que sigue viva en Huasco Bajo. Más que una propuesta gastronómica, su trabajo demuestra cómo los oficios, los sabores y los conocimientos heredados pueden transformarse en una herramienta para fortalecer el patrimonio cultural y mantener vigente la identidad del Valle del Huasco.

Esta entrevista forma parte del proyecto «Provincia del Huasco en Todas sus Letras: Historias que unen cultura, diversidad e identidad», iniciativa financiada por el Fondart Regional del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que busca rescatar y difundir las historias de personas, organizaciones y cultores que preservan el patrimonio humano y cultural de la Provincia del Huasco desde una mirada inclusiva y accesible para toda la comunidad.

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