Por generaciones, la familia Triviño ha cultivado el arte como una forma de servicio a la comunidad. Desde Huasco hacia distintos territorios del país, su trabajo ha contribuido a acercar la cultura a las personas, promoviendo la inclusión, el desarrollo humano y el derecho de todos y todas a expresarse a través de la creación artística.
La historia de los pueblos no solo se construye a través de los grandes acontecimientos. También se escribe en las acciones cotidianas de familias y comunidades que, generación tras generación, transmiten conocimientos, valores y formas de relacionarse con su entorno. En el Valle del Huasco, una de esas historias es la de la familia Triviño, cuyo legado artístico ha trascendido el ámbito creativo para convertirse en una herramienta de integración y desarrollo social.
La artista visual Pilar Triviño González forma parte de una tradición familiar profundamente ligada a las artes. Su padre desarrolló una extensa trayectoria como escultor, restaurador, escritor e historiador, mientras que su madre dedicó gran parte de su vida a enseñar técnicas textiles como el telar y el patchwork. A ellos se suman hermanos, hijo y sobrinas que han continuado explorando diversas disciplinas, entre ellas la pintura, la escultura, el diseño y la creación audiovisual.
Sin embargo, Pilar destaca que el verdadero legado heredado no se encuentra únicamente en las obras creadas, sino en una enseñanza mucho más profunda: comprender el arte como una herramienta al servicio de las personas.
“Lo más hermoso que heredamos de nuestros padres fue trabajar con la comunidad. Más allá de las obras individuales, siempre hemos desarrollado proyectos junto a grupos humanos, mujeres, organizaciones y comunidades completas. El arte para nosotros nunca ha sido un ejercicio aislado, sino una forma de construir vínculos”, explica.
Ese compromiso comunitario ha llevado a la familia a desarrollar iniciativas en Huasco, Freirina, Vallenar, Alto del Carmen, Copiapó y Caldera, además de experiencias realizadas en distintas regiones del país. Talleres, procesos de formación, recuperación de espacios públicos y experiencias de arte-terapia forman parte de una trayectoria marcada por el encuentro con las personas.
El arte como espacio de descubrimiento
Uno de los aspectos más significativos de este recorrido ha sido el trabajo con personas con discapacidad y necesidades educativas diversas.
Gracias a sus estudios en Educación Diferencial y a años de experiencia en programas de integración escolar, Pilar ha podido observar cómo el arte abre posibilidades que muchas veces permanecen invisibles dentro de los espacios educativos tradicionales.
“Cuando una persona entra en contacto con la expresión artística descubre capacidades que muchas veces desconocía. Son habilidades que no siempre aparecen en las evaluaciones o en los procesos académicos, pero que están presentes y pueden desarrollarse de manera extraordinaria”, señala.
Para la artista, el arte permite ampliar la mirada sobre las capacidades humanas, poniendo en valor talentos, sensibilidades y formas de aprendizaje que muchas veces quedan fuera de los modelos convencionales de enseñanza.
“Muchas veces vemos cómo la autoestima florece. Los niños y niñas comienzan a reconocer sus capacidades, a sentirse seguros y a expresar lo que sienten. El arte les permite descubrir una voz propia”, comenta.
Un lenguaje que va más allá de las palabras
Desde su experiencia, una de las mayores fortalezas de las prácticas artísticas es su capacidad para expresar aquello que resulta difícil de comunicar verbalmente.
La pintura, la fotografía, la escritura, la danza o el dibujo pueden transformarse en herramientas para comprender emociones, procesar experiencias y construir identidad “Todo aquello que no tiene palabras puede encontrar una forma de expresión a través del arte. Es una posibilidad de entender lo que nos pasa, de conocernos mejor y de relacionarnos con el mundo desde otro lugar”, afirma.
Esta dimensión resulta especialmente relevante en contextos de inclusión, donde las expresiones artísticas permiten generar espacios más accesibles, respetuosos y diversos para todas las personas.
El desafío de una cultura verdaderamente inclusiva
Para Pilar Triviño, el acceso a la cultura y al arte debe ser entendido como un derecho fundamental y no como un privilegio. A su juicio, aún existen desafíos importantes para garantizar que niños, niñas, jóvenes y personas adultas con discapacidad puedan acceder de manera plena a experiencias artísticas y culturales.
“El arte debería ocupar un lugar central en el desarrollo integral de las personas. Necesitamos más espacios inclusivos en escuelas, jardines infantiles, centros culturales y organizaciones comunitarias. La cultura debe estar abierta para todos y todas, sin excepciones”, sostiene.
La trayectoria de la familia Triviño demuestra que la inclusión no solo se construye a través de políticas o discursos, sino también mediante acciones concretas que generan oportunidades de participación, aprendizaje y creación.
A través de décadas de trabajo comunitario, esta familia ha contribuido a fortalecer la vida cultural del Valle del Huasco, tendiendo puentes entre el arte y las personas, entre la creatividad y la comunidad, entre la diversidad y la posibilidad de construir una sociedad más humana.
Porque cuando el arte se comparte, deja de ser únicamente una expresión individual para transformarse en un espacio donde todos y todas pueden encontrar un lugar desde el cual crear, participar y ser parte de la cultura.
Esta entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco en Todas sus Letras”, financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart Regional Atacama), Línea Culturas Regionales, iniciativa que busca rescatar, difundir y poner en valor el patrimonio humano, cultural y territorial de la Provincia del Huasco desde una perspectiva inclusiva y de acceso universal.

































