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Fundación Laberinto de Luz: desde Vallenar impulsan inclusión, deporte y cultura para personas neurodivergentes

La organización ha transformado las terapias asistidas con animales en oportunidades de desarrollo deportivo, artístico y cultural para niños, niñas y jóvenes de la Provincia del Huasco.

 La inclusión muchas veces comienza con una necesidad concreta. En Vallenar, la experiencia de una familia que buscaba nuevas herramientas para acompañar a su hijo dentro de la condición del espectro autista dio origen a una iniciativa que hoy beneficia a decenas de personas de la Provincia del Huasco y la Región de Atacama.

Se trata de Fundación Laberinto de Luz, organización que durante ocho años ha desarrollado un innovador trabajo basado en terapias asistidas con animales, deporte adaptado, formación profesional e intercambio cultural, convirtiéndose en un referente regional en el acompañamiento de personas neurodivergentes y con discapacidad.

La fundación fue creada por Bárbara Barraza y su pareja a partir de la experiencia vivida junto a su hijo Maximiliano, quien desde temprana edad fue diagnosticado dentro de la condición del espectro autista.

“Fundamos la organización con mi pareja porque nuestro hijo nació dentro de la condición del espectro autista. Partimos con una granja educativa terapéutica y con el tiempo evolucionamos hasta convertirnos en Fundación Laberinto de Luz”, explica la presidenta y cofundadora de la institución.

Actualmente la organización cuenta con un equipo de diez profesionales que trabajan en áreas terapéuticas, educativas, deportivas y de capacitación, desarrollando programas dirigidos a personas dentro de la condición del espectro autista, neurodivergencias y discapacidad intelectual.

 

Inclusión desde la naturaleza

Ubicada en el sector de Chehueque, a pocos minutos de Vallenar, la fundación ha encontrado en la naturaleza una poderosa herramienta de inclusión y desarrollo personal.

Su principal metodología de trabajo es la zooterapia, proceso terapéutico que incorpora animales entrenados para fortalecer aspectos físicos, emocionales, cognitivos y sociales de las personas participantes.

Caballos, alpacas, llamas y otros animales forman parte de una experiencia que busca generar vínculos positivos, disminuir los niveles de ansiedad y favorecer el desarrollo de habilidades en un entorno seguro y natural.

“El vínculo con los animales es primordial. A través de ese amor y de un ambiente natural, lejos de la sobreestimulación de la ciudad, los niños y jóvenes viven experiencias que fortalecen su desarrollo y bienestar”, señala Barraza.

La experiencia desarrollada por la fundación demuestra que la inclusión también implica fortalecer la relación de las personas con su territorio. En una provincia donde el desierto, los valles y la vida rural forman parte de la identidad local, la conexión con el entorno se transforma en una herramienta terapéutica y cultural de gran valor.

 

Del tratamiento al deporte

Uno de los principales logros de la fundación ha sido convertir los procesos terapéuticos en oportunidades concretas de participación deportiva. A través de la equitación adaptada, muchos niños y jóvenes han desarrollado habilidades que posteriormente les han permitido incorporarse a disciplinas de mayor exigencia técnica y competitiva.

Entre ellas destaca el vaulting o volteo ecuestre, una disciplina reconocida internacionalmente que combina gimnasia artística, danza, equilibrio y acrobacias sobre un caballo en movimiento.

Mientras el caballo avanza guiado por un entrenador especializado, el deportista ejecuta ejercicios técnicos y coreografías que requieren coordinación, fuerza, concentración y expresión corporal. Por esta razón, el vaulting es considerado una disciplina que une deporte y arte, transformándose en una experiencia integral para quienes la practican.

“Es un deporte maravilloso porque combina el trabajo físico con la expresión artística. Hay ejercicios obligatorios, pero también coreografías donde los participantes desarrollan creatividad, confianza y expresión corporal”, explica Barraza.

 

 

De la terapia a la competencia internacional

Uno de los casos más emblemáticos es el de Maximiliano González, niño vallenarino de nueve años que comenzó su proceso terapéutico en la fundación cuando tenía apenas un año y medio.

Con el paso del tiempo, su desarrollo le permitió avanzar desde la terapia hacia la equitación adaptada y posteriormente al vaulting competitivo, convirtiéndose en el primer representante chileno dentro de la disciplina en competencias internacionales.

Durante los últimos años ha participado en torneos realizados en Uruguay, donde obtuvo importantes resultados deportivos, posicionándose como una de las promesas de esta especialidad a nivel sudamericano.

“Todo esto se logra gracias a años de terapia, trabajo constante, disciplina y compromiso familiar. Hoy Maximiliano puede competir de igual a igual en escenarios internacionales”, destaca la presidenta de la fundación.

 

Cultura que amplía horizontes

Más allá de los resultados deportivos, el trabajo desarrollado por Fundación Laberinto de Luz también ha permitido abrir nuevas oportunidades de intercambio cultural para niños y jóvenes neurodivergentes.

Los viajes internacionales realizados a países como Uruguay, Argentina, Brasil y Colombia permiten que los participantes conozcan otras realidades, culturas y formas de vida, fortaleciendo su autonomía y ampliando sus experiencias de aprendizaje.

Para muchas familias, estas experiencias representan una oportunidad inédita de participación social y cultural “Más allá de competir, viven experiencias que les sirven para toda la vida. Conocen otras culturas, otras personas y otras formas de ver el mundo. Eso también es inclusión”, afirma Barraza.

La organización mantiene actualmente alianzas con instituciones nacionales e internacionales vinculadas al deporte adaptado, la discapacidad y las Olimpiadas Especiales, proyectando nuevas oportunidades para jóvenes de Vallenar, de la Provincia del Huasco y de toda la Región de Atacama.

 

 

 

Inclusión con identidad territorial

La experiencia de Fundación Laberinto de Luz demuestra que la inclusión no solo implica acceso a tratamientos o apoyos especializados. También significa generar espacios donde las personas puedan desarrollar sus talentos, fortalecer su autoestima y participar activamente de la vida cultural, deportiva y comunitaria.

Desde Vallenar, esta iniciativa ha logrado construir un modelo que conecta discapacidad, naturaleza, deporte, cultura y territorio, demostrando que las oportunidades pueden surgir desde las propias comunidades cuando existe compromiso, innovación y trabajo colaborativo.

Esta entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco en Todas sus Letras”, financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart Regional Atacama), Línea Culturas Regionales, iniciativa que busca rescatar, difundir y poner en valor el patrimonio humano, cultural y territorial de la Provincia del Huasco desde una perspectiva inclusiva y de acceso universal.

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