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Fiesta de la Cruz de Mayo: una celebración religiosa que da vida al patrimonio y la identidad de Vallenar

Más que una tradición centenaria, la Fiesta de la Cruz de Mayo representa un espacio de encuentro donde la devoción, la familia y la comunidad se unen para mantener viva una de las expresiones patrimoniales más importantes de la Provincia del Huasco.

 

Cada año, durante el mes de mayo, las calles de Vallenar se transforman en un escenario de recogimiento, música y tradición. La imagen de la Santa Cruz recorre distintos sectores de la ciudad acompañada por bailes religiosos, familias, altares y cientos de personas que esperan su paso con profunda devoción. Es una celebración que ha trascendido generaciones y que hoy forma parte de la identidad de la comuna.

Aunque para muchos constituye una de las principales manifestaciones del patrimonio cultural del Valle del Huasco, quienes la viven desde dentro coinciden en que su esencia radica en una dimensión más profunda: la espiritualidad que ha dado origen a esta tradición y que continúa convocando a la comunidad año tras año.

Sus raíces se remontan a los primeros años de la colonización española. De acuerdo con los registros históricos mencionados por el párroco Mauricio Arancibia Portilla, ya en 1556 existían antecedentes de la evangelización de los pueblos originarios del valle, proceso que con el tiempo daría paso a una de las celebraciones religiosas más significativas del territorio.

Sin embargo, la actual Fiesta de la Cruz de Mayo comenzó a consolidarse a fines del siglo XIX, cuando la devoción que se desarrollaba en el antiguo distrito minero de Estancilla llegó al sector de Torreblanca. Décadas más tarde, en 1930, la construcción de la iglesia de barro permitió establecer definitivamente este lugar como el corazón de una tradición que permanece vigente hasta nuestros días.

 

Cuando la devoción construye patrimonio

Con diecisiete años acompañando esta celebración, el padre Mauricio Arancibia ha sido testigo de cómo la comunidad ha fortalecido su vínculo con la Cruz de Mayo, transformándola en una instancia que reúne tanto a creyentes como a vecinos que encuentran en ella un espacio de encuentro y pertenencia.

“Cada vez tenemos mayor conciencia, católicos y no católicos, del valor que tiene la fiesta en sí misma como un hecho humano. Son personas que se unen para celebrar un mismo sentir, un mismo horizonte espiritual, pero también un mismo horizonte familiar”, expresa.

Para el sacerdote, uno de los aspectos más relevantes es comprender que las expresiones culturales asociadas a la festividad, como los bailes religiosos, la música, los estandartes o las vestimentas tradicionales nacen precisamente de esa convicción espiritual y no al revés “Se valora la huella cultural en la vestimenta, en la música y en la danza, pero todo nace desde la devoción de vecinos y vecinas que veneran la Santa Cruz”, afirma.

Esa convicción ha permitido que la celebración se mantenga viva durante más de un siglo y que hoy sea considerada una de las manifestaciones más representativas del patrimonio inmaterial de Vallenar.

 

Una celebración que reúne a las familias

Uno de los rasgos que distingue a la Fiesta de la Cruz de Mayo es su profundo carácter comunitario. Cada año, más de treinta familias preparan altares frente a sus hogares para esperar el paso de la procesión, mientras agrupaciones de bailes religiosos llenan las calles con música y danza en una expresión colectiva que involucra a personas de todas las edades.

Para Mauricio Arancibia, este aspecto constituye uno de los mayores valores de la celebración “Uno de los grandes milagros de la Cruz de Mayo es que todos dejamos de lado nuestros afanes particulares y nos volvemos parte de esta fiesta”, señala.

Niños, padres, abuelos y vecinos participan juntos en la organización de los altares y en las distintas actividades, fortaleciendo vínculos que van mucho más allá de una ceremonia religiosa y que ayudan a transmitir la tradición a las nuevas generaciones.

 

Una comunidad que integra sin diferencias

La Fiesta de la Cruz de Mayo también se ha convertido en un espacio donde la inclusión forma parte natural de la vida comunitaria. Durante las procesiones es habitual encontrar personas mayores, vecinos con movilidad reducida y personas con distintas discapacidades que participan activamente de la celebración, ya sea acompañando el recorrido, colaborando con los bailes religiosos o esperando la bendición desde sus hogares.

Para el párroco, esta realidad responde directamente al mensaje cristiano de acogida y respeto por la dignidad de todas las personas “El espíritu de inclusividad no es una moda para un cristiano; es parte de las características de Jesús”, sostiene.

Incluso recuerda que muchas personas llegan en sillas de ruedas o con apoyo médico para participar de la procesión, mientras que otras colaboran desde distintas funciones dentro de los bailes religiosos o de la organización comunitaria “Todos tienen un lugar dentro de esta celebración. Nadie debería sentirse excluido de una instancia que precisamente busca reunir a la comunidad”, agrega.

 

Una tradición que mira al futuro

En una época donde muchas costumbres enfrentan el riesgo de desaparecer, la Fiesta de la Cruz de Mayo continúa renovándose gracias al compromiso de las familias, las agrupaciones religiosas y los vecinos que cada año mantienen viva esta expresión patrimonial.

Más allá de los elementos visibles que la caracterizan, su principal fortaleza radica en la capacidad de convocar a la comunidad en torno a valores compartidos como la solidaridad, el respeto, la memoria y el sentido de pertenencia.

En Vallenar, la Cruz de Mayo sigue siendo mucho más que una festividad religiosa. Es una manifestación viva de la identidad local, una herencia transmitida entre generaciones y un ejemplo de cómo las tradiciones pueden seguir fortaleciendo el tejido social cuando encuentran en las personas el compromiso de preservarlas.

Esta entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco en Todas sus Letras”, financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart Regional Atacama), Línea Culturas Regionales, iniciativa que busca rescatar, difundir y poner en valor el patrimonio humano, cultural y territorial de la Provincia del Huasco desde una perspectiva inclusiva y de acceso universal.

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