El artista vallenarino y facilitador de Cecrea Vallenar sostiene que la cultura debe centrarse en las personas y no en sus limitaciones, promoviendo espacios donde la creatividad sea una oportunidad para todos.
La inclusión no comienza cuando una persona con discapacidad ingresa a un taller o participa de una actividad cultural. Para Sebastián Brizuela, artista vallenarino y facilitador de Cecrea Vallenar, el verdadero cambio ocurre cuando quienes impulsan esos espacios son capaces de adaptar sus metodologías, comprender los distintos ritmos de aprendizaje y reconocer que cada persona tiene una forma única de expresar su creatividad.
Su historia ligada al trabajo comunitario comenzó hace varios años en Coanil Vallenar, donde participó en la creación del proyecto Flor de Arte, una iniciativa pionera en la comuna que permitió explorar disciplinas como la pintura, el teatro y las artes visuales junto a personas con discapacidad.
“Cada persona es distinta, tiene fortalezas, intereses y formas propias de aprender. Eso fue lo que me atrajo de este trabajo: poder conocer esas diferencias y adaptar las metodologías para que todos pudieran participar”, recuerda.
Aquella experiencia marcó el inicio de un camino que posteriormente continuó en organizaciones como ProDown y Mi Pequeño Hermano, desarrollando proyectos relacionados con teatro, pintura, títeres y otras expresiones artísticas, siempre con un enfoque centrado en las capacidades y no en las limitaciones.
Actualmente, desde su rol como facilitador en Cecrea Vallenar, trabaja con niñas, niños y jóvenes promoviendo experiencias creativas que respetan los procesos individuales y fomentan la experimentación como parte esencial del aprendizaje.
Para Brizuela, uno de los mayores desafíos que enfrenta la cultura es modificar la forma en que se conciben los espacios destinados a personas con discapacidad “Muchas veces nos enfocamos demasiado en el producto final y olvidamos el proceso. Lo realmente importante es conocer a las personas, respetar sus tiempos y comprender cómo aprenden. Ahí es donde ocurre el verdadero desarrollo.”
Desde su experiencia, considera que aún existen barreras importantes que superar “Siempre hacen falta más espacios, pero sobre todo hacen falta metodologías distintas. No basta con abrir las puertas; hay que ampliar la mirada y entender que no todas las personas aprenden de la misma manera.”
Ese compromiso con la inclusión también se refleja en “Alquimia de Barro y Luz”, proyecto adjudicado por Fondart Regional que lidera actualmente y que trabajará junto a familias y niñas, niños y jóvenes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), utilizando la creación artística como una herramienta para fortalecer la participación, la expresión y el encuentro comunitario.
Brizuela asegura que una de las mayores riquezas de trabajar con personas con discapacidad es descubrir nuevas formas de comprender la realidad “Me gusta realzar esos detalles porque cada uno tiene una mirada muy particular del mundo. Lo bonito es poder visualizar esos otros universos y ponerlos sobre la mesa. Ahí aparece una riqueza enorme que muchas veces pasa desapercibida.”
A su juicio, el arte tiene la capacidad de generar procesos transformadores cuando se desarrolla desde la empatía y el respeto “Sí se puede potenciar la cultura en personas con discapacidad, pero primero hay que conocerlas, saber cuáles son sus intereses, sus posibilidades y sus ritmos. Cuando dejamos de centrarnos en el éxito y ponemos a las personas en el centro, el aprendizaje cobra un sentido mucho más profundo.”
La entrevista forma parte del proyecto “Provincia del Huasco con todas sus letras: Historias que unen cultura, diversidad e identidad”, iniciativa financiada por Fondart Regional, Línea Culturas Regionales, Fomento a la Memoria e Identidad Cultural de Atacama, que busca rescatar y difundir las historias, tradiciones y expresiones culturales de la Provincia del Huasco desde una mirada inclusiva.

































